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Con o sin Covid-19, el agua sigue en peligro

  • Foto del escritor: Venimos del agua
    Venimos del agua
  • 17 abr 2020
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 30 jun 2020


El agua es un recurso que ha sufrido los efectos del cambio climático y que ahora escasea por el desperdicio y su uso indiscriminado, indicó el catedrático en temas ambientales, Jaime Lema, pues para este experto “el pánico que ha causado la pandemia hizo que la gente olvide la importancia del agua. La prevención ante el Covid-19 puede convertirse en un problema mayor para la población, ya que el agua es vital para la supervivencia, si no hay agua no hay vida”, sin embargo sigue siendo desperdiciada, pues según la Organización Mundial de la Salud (OMS), Quito es la capital que más agua consume en toda la región andina. Para dimensionar este problema, recordemos que el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), informó que la Carita de Dios en el año 2018, contaba con alrededor de dos millones seiscientos noventa mil habitantes, pero para febrero del 2020 la cifra aumentó con más de 91 mil personas, así el territorio capitalino se convirtió en el cantón más habitado, residencia del 16 por ciento de la población nacional, que demanda cada vez más agua.




Estas cifras se vuelven alarmantes debido al estado de emergencia que atraviesa el país por el Covid-19, pues la probabilidad de contagio es superior en ciudades populosas. Para prevenir la propagación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda lavarse las manos ocho veces al día con abundante jabón y agua, esto durante 30 segundos. Matilde Sisalema, moradora de Calderón, cumple con dicha recomendación, además su familia optó por lavar toda la ropa e higienizar su hogar, manifiesta que “la cuarentena es ideal para que los capitalinos cocinen, laven los platos e inclusive enjuaguen aquellos vestidos que se guardan varios años y que casi nunca se los utiliza”.


Así mismo, las duchas apresuradas para salir al trabajo se convirtieron en momentos placenteros “para sacar el estrés del encierro”, indicó Juan Carlos Chávez, trabajador del sector público. Por su parte, Francisco Solis, morador de Cumbayá, explica que cada semana lleva su camioneta a una lavadora de carros pero en cuarentena, después de comprar los víveres, lava su propio auto dos o tres veces, pues realiza esta labor como una medida de desinfección ante la pandemia.


Marco Peña, chofer en la Empresa Pública Metropolitana de Aseo de Quito (EMASEO), comentó que “en sectores como Calderón, Chillogallo, la Mariscal y en los valles aledaños, la gente limpia las veredas con cloro y detergente, lo malo es cuando usan mangueras y desperdician el agua”. Estos actos cotidianos involucran el sobre consumo, ya que para Guido Andrade, gerente de la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (EPMAPS),  “desde que inició la emergencia sanitaria en la capital, el consumo promedio en la ciudad se incrementó en un 22 por ciento”. Situación que perjudicó a los moradores de barrios como Chilibulo, Pisulí, La Mena, Ciudadela del Ejército, La Roldós, Santospamba, Bellavista de Calderón, Toctiuco Alto, por lo que se procedió a llenar los tanques de las zonas altas de la ciudad, otra vez incrementando el consumo hídrico.


Los capitalinos gastan más agua cada día, debido al nulo mantenimiento de las tuberías en los hogares, las llaves que gotean o duchas diarias que sobrepasan los litros recomendados. Por ejemplo, para Henry Zambrano, ingeniero industrial de la Universidad Politécnica Nacional. Antes de la cuarentena un quiteño utilizaba 12 litros de agua por minuto en una ducha, ahora cada ciudadano usaría aproximadamente 14 litros por minuto, por lo tanto, si usted se ducha durante 15 minutos derrocha 219 litros, o a su vez, en 30 minutos se derraman 439 litros, “sería como bañarse con 146 botellones de agua, cada uno de tres litros, ello implica gastar indiscriminadamente el agua”. Según Andrade, gerente de EPMAPS, los ecuatorianos deberíamos consumir no más de 150 litros diarios totales, esto para higiene y alimentación. Por el contrario, un capitalino, gasta diariamente alrededor de 200 litros de agua en invierno, mientras que en verano el consumo asciende a 220 o 250 litros por persona, indicó el funcionario.   


Rafael Villamar directivo en EPMAPS, explica que Quito se sitúa como uno de los centros urbanos que más agua consume en toda la región, pues supera a Bogotá-Colombia o La Paz-Bolivia, que con un territorio y población más extensos, consumen aproximadamente 150 litros por persona. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estipula solo 150 litros de agua como básicos para satisfacer las necesidades de consumo e higiene diarios, sin embargo en la Carita de Dios se utiliza alrededor de un 46 por ciento más.

Esta nota periodística, invita a un recorrido mental para observar cómo usan el líquido vital los capitalinos antes y durante el Covid-19. ¿Cuánta agua ocupa usted para realizar las actividades diarias? Posiblemente entre 20 a 350 litros. ¿Sabe cuánta agua se gasta para preparar una hamburguesa de carne?, 3 mil litros. En Ecuador se usa alrededor de 250 litros de agua en preparar alimentos y lavar platos, esto por cada miembro de una familia de cinco integrantes. Además, se desperdicia 500 litros de agua en un lavado de carro, 60 litros gastan las personas que no cierran la llave en la ducha mientras se enjabonan. Para la investigadora Melissa Moreano, hay inequidad entre la población, pues en el Distrito Metropolitano de Quito "existen personas que consumen de 20 a 30 litros diarios, mientras que otros ciudadanos consumen hasta 350", debido a los planes de organización arquitectónica que han subvencionado y priorizado a las empresas por encima de los derechos ciudadanos.


La Organización para las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) indicó que se requieren 1.500 litros de agua para generar un kilo de granos y diez veces esa cantidad para producir un kilo de carne, es decir 15 mil litros de agua. Entonces, a nivel mundial nuestro apetito por la carne sigue aniquilando los recursos del planeta, pues más del 20 por ciento del agua potable mundial es utilizada por la agroindustria. Mientras que en el planeta más de 2 millones de habitantes, la mayoría infantes, mueren todos los años de enfermedades asociadas con la falta de agua y saneamiento adecuado. Además se estima que el 80 por ciento de todas las enfermedades están relacionadas con la inadecuada calidad del agua que causa la muerte de 4 mil niños y niñas cada día, una cruel realidad de la que nuestro país no escapa.


Las empresas e industrias también están involucradas en el uso indiscriminado del agua, por ejemplo en Quito alrededor de 9 194 552 litros de aceite de cocina anuales son erróneamente arrojados en los desagües de lavaderos, lo que provoca una contaminación irreversible en los ríos y quebradas, pues un litro de aceite puede contaminar mil litros de agua, sin embargo las empresas siguen ganando con la venta de este producto pero no retribuyen a la sociedad con proyectos o presupuesto para la limpieza de la flora y fauna contaminadas.


Mientras tanto la población se limita a la meditación, que tanto se impulsa en redes sociales y en diálogos familiares pero ello no puede ser solo para el crecimiento individualista. ¿Acaso este conflicto, es un tema del futuro o solo de pocas naciones? Esto se vive hoy y está en nuestros hombros ejecutar una solución, así como identificar y nombrar las causas y rezagos de la vida capitalista y del derroche.  Ecuatorianos, ¿qué hace falta para cambiar nuestra cultura y nuestra forma de vida?



Con el afán de plantear soluciones se puede optar por la capacidad para reflexionar profundamente sobre nuestro presente, sobre cómo actuamos individual pero también colectivamente. Mediante gestos concretos como no botar basura en la calle, reutilizar y separar el papel, cartón y vidrio; rechazar el uso del plástico e inclusive disminuir nuestro consumo de carne junto con el exigir la creación de políticas de redistribución y producción de la comida y de los desechos que de ella se derivan, son actos urgentes que nos competen a todxs.


Paola Guevara, vive cerca de la quebrada de Zámbiza, cuenta que el río está contaminado por las aguas servidas, “antes no se pensaba en el agua, ahora con la emergencia sanitaria mucho menos y creo que sin ella estamos aniquilados”. Por lo tanto, con o sin Covid-19 el agua es fundamental para continuar con la vida, y es responsabilidad tanto de las empresas privadas, el sector público y la población el lograr su conservación.


Escrito por: Gabriela Ortíz y Paola Guevara

Investigación: Paola Guevara, Gabriela Ortiz y Fernanda Álvaro.

Análisis e impacto Ambiental: Jaime Lema.






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